Cómo conocí a "La Yolanda"
- madariaga
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Cómo conocí a "La Yolanda"
1 semana 6 días antesEstaba en un viaje de paseo en solitario, para practicar un poco el ruso, porque quería ingresar a la CIA y ellos me pedían que supiera ruso fluido. Algo sabía por haberlo escuchado hablar a mis padres y de chico lo hablaba, así que me había puesto a estudiarlo y practicarlo.
En ese viaje de estudio y paseo por la URSS había alquilado una Niva y estaba disfrutando de los paisajes de los valles en las cercanías a los Montes Urales, que era de dónde provenían mis padres.
De pronto, en un camino algo inclinado, con un suave curva y muy sombreado por una hilera de árboles, la Niva comenzó a patinar y terminamos (mi Niva y yo) encajados en una zanja no muy profunda, pero que no lograba salir sin la ayuda externa de un tractor, otro jeep o similar.
Muy cerca había un camino de tierra de entrada a una propiedad en la que se veía una casa clásica con estilo de granja, no tenía tranquera, así que entré a pedir auxilio a ver si me podían ayudar a salir del atascamiento, hasta quizá mediante un caballo.
Camino unos cientos de metros hasta cerca de una cabaña de estilo clásico de la zona, construida con troncos gruesos de madera, ventanas chicas, con una chimenea de piedras a la vista, un garaje al lado y un granero cercano y un cobertizo de gallinero, adonde se veían picotear unas gallinas grandotas. Dentro del campo se veían algunas vacas aunque no había visto caballos, camioneta ni tractor, pero supuse que, de tenerlos, los hubieran guardado en el establo.
Cuando estoy por llegar a la casa, golpeo las manos, afortunadamente no salió ningún perro a ladrar, esperé unos segundos y no salió nadie de la casa, ni siquiera ninguna de las cortinas de las dos ventanas se movieron, entonces dejo pasar unos minutos y sin moverme del lugar ni acercarme a la casa, golpeo nuevamente las manos, esta vez con un poco más de ímpetu y mientras me desilusionaba por dentro pensando que no hubiera nadie.
Un momento después veo una mujer que venía rodeando el garaje, desde la izquierda, hasta pasar por adelante mío, llevando un tronco sobre el hombro y que me mira pero sin parar de caminar ni siquiera decir algo, dirige la vista hasta una zona hasta adonde había un montón de leña apilada, una sierra de mano grande colgada a un costado y unos caballetes para sostener los troncos y cortarlos a medida, un tronco vertical de madera dura y un hacha grande clavada en éste y llega hasta allí
La mujer deja caer el tronco, gira hacia mí, me mira con una mezcla de asombro y extrañeza que se denotaba muy bien por su frente arrugada, boca entreabierta y mirada inquisidora.
Tenía un gorro de color azul con visera, cruzado, por haber llevado el tronco, se lo acomodó y si bien no se acerca, me observaba tímidamente a la distancia en que estábamos. Esa distancia, no era mucha ni poca, quizá seis metros.
Llevaba un vestido cuadrillé azul con lunares blancos, clásico de las mujeres de la campiña rusa y un delantal blanco en su cintura con un bolsillo que no parecía contener algo.
Entonces yo rompo el silencio, después de haber esperado respetuosamente a que descargue el tronco y me mire a los ojos, diciéndole lo que me había pasado.
Ella se queda sin hablar, pero me seguía mirando sin hacer ningún movimiento, como tratando de intuir la situación o pensando que contestar quizá, obviamente no estaba acostumbrada a recibir visitas de extraños al estar alejada del pueblo.
Cómo se veía que en el garaje no había ningún vehículo, le pregunté si hubiera alguien que me pueda ayudar mediante un caballo con arnés de tiro o un tractor para sacar mi vehículo y ella permanece sin decir nada.
Yo no sabía si es que me estaba expresando mal o quizá ella hablara en algún dialecto o tal vez no pudiera hablar, hasta sospeché que no comprendía.
Después de lo que me parecía mucho tiempo, pero deben haber sido unos segundos, me invitó a pasar y tomar té negro bien fuerte y se gira para entrar a la casa, sin esperar mi respuesta, ni siquiera mirando si yo la seguía, pero si lo hice.
Cuando giró sobre el umbral de la puerta, levantó su vista y viéndola de cerca me enamoré a segunda vista, porque después de ver su figura y su fortaleza, la pude ver bien a los ojos y le vi unos ojos celestes, casi transparentes que denotaban una tristeza por falta de amor o por una perdida reciente o un suceso similar.
Me invitó a la mesa con mantel y el menaje acostumbrado, mientras preparaba el té estábamos en silencio, yo atónito y ella haciendo los preparativos.
El té era muy fuerte, decía que así lo tomaban en la zona, y lo preparó en un recipiente tradicional para hervir agua que me dijo que le decían "samovar".
Preparó una infusión muy concentrada y quese diluye en la taza con agua caliente al gusto, que me dijo que se denominaba "zavarka" y puso una mitad en dos tazas y me preguntó cuánta agua más le agregaba. Yo desconocía esta forma de prepararlo y que cada quien indicaba cuanto lo querían diluir.
Ella, atentamente, me ofreció agregar unas bayas silvestres al té diciendo que así se usaba, también me ofreció unas hojas frescas de menta, azúcar o miel y se disculpó por no tener galletas caseras de té preparadas.
Le agregué unas bayas y un poco de miel y veo que ella mordisqueaba el terrón de azúcar mientras tomaba el té. Después de un tiempo me enteré que es la costumbre tomar el té de esa manera especialmente en la zona de los Urales.
Le hablé de las gallinas que se veían picotear por allí y ella me dice que son de la zona, que se denominan "gallinas Orloff" llamada así en honor al conde ruso Alexei Grigoryevich Orlov-Chesmensky que las había desarrollado y que resisten muy bien al frío y son de doble propósito, sirviendo para producir huevos o para consumir.
Le comenté que había visto unas vacas y le pregunté si también tenían caballo para arar o para traer el ganado, siempre tratando de saber si me pudieran ayudar, me dice que ahora no tienen más caballo y las vacas vienen solas a que las ordeñe, ya están acostumbradas.
Le pregunté si araban ellos la tierra para sembrar y me dice que no, que contrata a un vecino a que lo haga, antes lo hacía mi papá, dijo, pero ahora no está más para hacerlo.
Le cambié de tema comentándole del accidente que había sufrido, me dijo que era habitual por que se hiela esa parte del camino por estar a la sombra la mayor parte el tiempo.
Justamente hacía poco a otro vehículo le pasó lo mismo y terminó rompiendo el cartel que alertaba del problema de heladas en el camino, dijo también que ella les avisó al "soviet" y que les guardaba el cartel hasta que lo pudieran venir a colocar nuevamente.
Me confesó que hay muchas cosas que ella no pueda hacer desde que está sola...y me quedé.
Las imágenes son ilustrativas. La historia es inventada. Ella es real.
La Niva será de tecnología viejona, pero es robusta...como la Yolanda.
Carlos de Madariaga - Bs. As.- Argentina
Niva 2004 y Ford F-150
Última Edición: 1 semana 6 días antes por madariaga.
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- Pedro Niva 2001
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Re: Cómo conocí a "La Yolanda"
1 semana 6 días antes
Tremendo relato... ahora entiendo de donde viene tanta info, si es agente de la C.I.A. tiene buena data mecánica sobre la NIVA jajajajaja Y si fuese de la K.G.B. podría traer algún respuestito de vez en cuando....
Saludos.
Pedro.
Saludos.
Pedro.
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